Las plantas móviles de trituración y cribado hacen dos trabajos que en obra van casi siempre juntos: **reducir** el material a la granulometría que se necesita y **clasificarlo** por tamaños. Sobre orugas, se mueven dentro de la propia cantera o del derribo, lo que ahorra el transporte del escombro a planta fija y la compra del árido de vuelta.
Hay tres familias. La **machacadora de mandíbulas** es la trituradora primaria: acepta bloques grandes y los reduce por compresión entre dos mandíbulas, una fija y otra oscilante. La **trituradora de impacto** trabaja por golpe en vez de por presión, da forma más cúbica al árido y es la habitual en reciclaje de hormigón y aglomerado. Y la **criba** —de escalpado o de clasificación— separa fracciones con dos o tres pisos de mallas, delante de la trituradora para quitar finos o detrás para clasificar el producto.
Las cifras que hay que comparar son la **abertura de alimentación** (lo que traga el equipo), el **tamaño máximo de alimentación**, la **capacidad de producción** en toneladas/hora y, en las machacadoras, el **CSS** o rendija de trituración, que es lo que fija la granulometría de salida. En las cribas manda la superficie de cribado en metros cuadrados y el número de pisos.
Dos avisos prácticos. Las cifras de t/h son nominales y dependen del material, de la humedad y del ajuste: con material cohesivo y húmedo se pierde rendimiento sin que la máquina tenga la culpa. Y el **peso de transporte** no es un dato menor: por encima de las 40 toneladas, la planta condiciona el góndola, el permiso de circulación y el acceso al tajo.